Padres fantásticos

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Todos sabemos que la lectura es esencial para el desarrollo de nuestros niños y niñas, pero ¿por qué? Bueno, obviamente para estimular su pensamiento, pero ¿y qué más? También sabemos que se crea un lazo afectivo entre quien lee y quien escucha, por eso son tan importantes las instancias de lectura en voz alta, y no solamente en la primera infancia.

Primer consejo: sigan leyendo junto a sus hijos, aunque ya sean grandes y puedan hacerlo solos. No los abandonen en su camino hacia la fantasía y el conocimiento. Como escritor, es una maravilla oír los comentarios de padres que se me acercan con sus hijos e hijas:

“Natalia tuvo que leer ¡Ay, cuánto me quiero! para el colegio y terminamos leyéndolo toda la familia” o “Con Tomás leímos La familia Guácatela y ahora decimos que nosotros mismos somos un poco Guácatela”. Y esos niños tienen nueve, diez y sus hermanos y hermanas ­—que sonríen con disimulo un poco más atrás— tienen quince o diecisiete años.

Algo maravilloso de los libros es que la fantasía nos ayuda a comprender la realidad. Un niño pequeño puede empatizar con el pudú Agustín (de El festín de Agustín) que es un poco glotón y un mucho desobediente… pero es un animal y es “de mentira”. Al contar el libro, “hacemos como” si fuera cierto. Este juego de “hacer como” permite al niño y a la niña liberar sus temores y fantasías en forma sana, sin ser juzgado ni adoctrinado.

Consejo dos: nunca le expliquen la similitud de la fantasía y la realidad a sus hijos, porque eso rompería la magia de la lectura. El glotón es Agustín, no su propio hijo (aunque lo sea). Cerramos el libro y se cierra esa historia. Este es un gran beneficio de los libros en formato de papel. El niño o la niña puede ver físicamente como el libro queda en su estantería, esperando para volver a ser abierto e irradiar su contenido fabuloso. Lo que queda flotando en su imaginación pertenece a su intimidad.

Tercer consejo: al terminar de leer no evalúen a sus hijos, no es una prueba, es un momento de complicidad, afecto y juego. Si se cierra el cuento e inmediatamente empezamos a interrogar al lector o lectora, es lo mismo que si salieras con tu marido o señora a un restaurant,  lo pasan increíble y la comida está rica, pero… a la salida los espera su antiguo profesor de Ciencias Naturales y les entrega una prueba: “1) Nombre siete ingredientes del plato principal. 2) ¿El tiramisú tiene más prótidos o lípidos?” 3) ¿Cuál era el nombre del ayudante del chef?” ¿Fatal, cierto? Eso echaría a perder todo lo bien que lo pasaron y les quitaría las ganas de salir a comer de nuevo. Lo mismo le pasa al niño o la niña con el libro, por eso debemos dejarlo disfrutar del momento, de la lectura y de todo lo aprendido, pero a su propio ritmo.

Consejo final: sean sabios, disfruten de sus vidas y hagan que sus hijos disfruten de las de ellos. Gozar con la lectura es mucho más importante que saber de memoria el significado de las palabras del libro. Sean padres fantásticos (en ambos sentidos de la palabra).

Mauricio Paredes: estudió ingeniería civil eléctrica en la Pontificia Universidad Católica de Chile y ejerció su profesión hasta el año 2001, momento en que decidió dedicarse en forma exclusiva a la literatura.

www.mauricioparedes.com www.facebook.com/habiaotravez

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